En esto no tenía rival ... y desafío a quien quiera traer su autito a correr!
En la calle Carranza de mi querido barrio de Paternal, no había con que darle a mi Torino de Nugil.
Básicamente se trataba de carreras de autos de plástico inyectado (o inflado) de entre 12 a 15 cm. (escala 1/32 más o menos). Estos se cortaban por debajo y se rellenaban con masilla, plastilina o bulones, dado el poco peso que tenían.
Se reemplazaba sus ruedas delanteras por una cucharita pequeña, esto mas el peso de la masilla les daba un recorrido realmente largo. Un buen “lanzador“ podía llegar, (siempre y cuando los ejes y ruedas lo soporten), hasta media cuadra (50 mts. aprox.).
El peso podía favorecer al auto en “tiradas” largas, pero lo perjudicaba en circuitos donde dibujaban curvas cerradas, lo importante era lograr un buen equilibrio.
Por lo general pintábamos con tiza o un ladrillo partido los circuitos . Aplicábamos un reglamento, que nunca supimos quien lo escribió, ni estuvo escrito, era de "boca en boca".... pero lo sabíamos.
La regla principal radicaba en que , aquel que se salía de pista debía volver a su posición, o si chocabas a uno que estaba adelante, también se volvía al punto de partida. Algunos manejaban el reglamento según conveniencias, nunca faltaban los tramposos, de hecho, quien escribe ha ganado muchas carreras haciendo trampa ...
Durante las vacaciones teníamos la temporada de verano, no era otra cosa que irnos con nuestros padres, esta se corría en la playa, en plena arena y los autos utilizados eran los F-1 (sin cucharita), pero con el peso encima. Me acuerdo de la Ferrari de Giles Villeneuve y el lotus verde del Lole con las calcos de Essex, también uno de mis favoritos: el Lotus negro con las calcos doraradas de JPS de mario Andretti.
Nos encariñábamos mucho con los autos, sobre todo si era “ganador”. Buscábamos "el desarrollo" para que pique más, a pesar que no había mucho para innovar, pero nos gustaba creer que si.
Ganar era una cuestión de honor en el barrio, muchas veces terminábamos a las trompadas por discutir si estaba adentro o fuera de la línea, el estar apenas apoyado sobre el circuito o estar un milimetro afuera bastaba para que se arme la polémica.
Los pintábamos y los decorábamos con calcomanías al agua, la presentación importaba. Lo loco de esto es que jugábamos en plena calle ... hoy sería imposible hacerlo, dada la densidad del tráfico.
Había una gran variedad de modelos: Torino, Peugeot 504, Fiat 600, Cupe 1600, Torino Liebre y otros prototipos muy exoticos. Los precios de estos autitos eran muy económicos, en relación si un auto de chapa Gorgo a fricción estaba $ 70, estos los comprabas en el quiosco de la esquina entre $ 5 a $ 8.
Hace poco tiempo participé de una carrera en Parque Rivadavia (Buenos Aires), organizada por la gente de la feria, y la verdad era emocionante ver a Padres e hijos corriendo en equipo, chicos de 10 o 12 años que crecieron con el videogame disfrutar de ese momento. Por supuesto que no faltaron las peleas y discusiones, la idea era pasarla bien y si se podía ganar... mejor. Ese día el Team Gusti-Toys se presentó con la "Liebre" (foto) obteniendo un buen segundo puesto en la serie y un quinto puesto en la final, siendo el desafío para la próxima carrera acceder al podio.
A veces transito con mi auto aquella calle Carranza de mi infancia, miro ese asfalto ahora roto y emparchado donde dibujábamos la pista con un trozo de ladrillo.
Quiero detener mi marcha y buscar rastros de esa pista, pero el colectivo 109 me devuelve a la realidad y me hace luces, claro …. ahora pasan 3 líneas de colectivos. Busco reconocer ese pedacito de calle tan familiar y encontrar a mis amigos para correr una carrerita, pero me doy cuenta que tal vez ya estoy grande para eso, los pibes de mi cuadra ya no están, seguramente los llamaron para comer, en la juguetería de mi barrio hoy has un supermercado Chino, de seguro no me entiende el porque le coloco una cucharita a mi autito de plástico, como tampoco me entiendas vos si tenes 12 años, por eso te digo pibe, que no renuncies a jugar, a tirarte al piso hasta que tus rodillas queden negras, a querer a tus autitos de la mejor manera que lo podes hacer: "jugandolos"
Subo al auto, vuelvo a mi casa y mientras voy dejando atrás mi viejo barrio pienso en voz alta:
“que lindo fue ser el protagonista de mi propia vida”.