Aquellos autitos Argentinos ...


Como olvidar esa ciudad imaginaria de el patio de mi casa, con sus baldosas gastadas y esa sombra "impagable" que daba la parra. Fue ahí donde rodaban con su señorial andar el Camaro azul Gorgo, sonaba la ronca fricción de la autobomba Ford 350 de Rullero haciendo una mixtura con el ruido de las milanesas que comenzaba a freír mi madre. Esa mezcla de sabores y sensaciones son las que aun sigo encontrando en estos juguetes de antaño.
Ellos me trasladan a esos tiempos donde formabamos una “sociedad ” con mis autitos, nos aliábamos a umbrales, desniveles, escaleras, baldosas rotas y pedazos de madera. Todo lo aprovechábamos para generar variantes en “la pequeña ciudad”.
Esos charcos que dejaba la ropa colgada en la soga y las uvas que caían de la parra no eran obstáculos en mi ciudad, el final lo marcaba el grito de mamá “a comer”, y ahí dejábamos todo tal cual, luego seguimos jugando … nada de siesta!

Teníamos que hacer trabajar la imaginación, no había 350 canales de cable, no había Internet ni mucho menos Playstation.

Ir a la juguetería era una “ceremonia suprema”; el mejor momento. El juguetero lo considerábamos una especie de “semi-Dios”, y soñamos mas de una vez que nos preste la llave y quedarnos toda la noche jugando en su local. Con el paso del tiempo, aquel juguetero se jubiló o se compró un taxi, el local se convirtió a "polirubro", los juguetes pasaron a ser "made in China" y se mezclaron con baratijas y adornos inútiles en las estanterías. Hoy me da pena ver la venta "callejera" de juguetes en la calle Florida, gente entremezclada con artesanos oferciendo artículos de dudosa procedencia y comprobada toxicidad. ... (teléfono para el intendente!!!)

Como comprabamos los autitos si no teníamos edad para trabajar y conseguir dinero?. En mi caso el boletín marcaba el nivel de regalo, por lo tanto los mejores regalos los recibía de los Reyes magos o de Papá Noel. Si chicos ... ellos nos hacen regalos!!
Otro medio de ingreso era la "propina", juntaba algunos vuelto a modo de “cobro por servicio ” cada vez que iba a hacer un mandado. Así con tres idas a la panadería, una a la despensa de “la tana”, mas un extra por lavar el auto de mi padre agregaba un Matchbox o un Buby a “la ciudad”. No vayan a creer que podíamos comprar un Gorgo de chapa con un par de vueltos … no, esos eran para ocasiones especiales como pasar de grado.
Que sensación la de abrir la caja con olor a caucho, sacarlo rápidamente para hacerlo rodar y escuchar el sonido mágico de la fricción. Ni hablar cuando se prendían las luces de la sirena. Como brillaba la chapa litografiada, era como sacar el 0 Km. de la agencia, alargar las noches era meterme con mis juguetes a la cama.

No me pregunten por que, pero al pasar un par de semanas es como que nos aburríamos de verlos tan relucientes, pues entonces les hacíamos una especie de “tuneado” sacando las tazas, pintando y hasta recortando el techo, eso si … jamás pude con un Duravit!

Que lindo eran aquellos autos a control remoto con cable, toda una avanzada para la época, teníamos que acompañar al auto ya que el cable era muy corto.
Utilizaban 2 pilas grandes, recuerdo eran carísimas y que por lo general nos compraban para un par de reposiciones. Luego lo dejábamos por ahí olvidado y cuando lo ibamos a buscar encontrabamos que se habían sulfatando las pilas.

Para la calle teníamos los autitos de plástico inyectado con la cucharita y rellenos de masilla; Pasábamos horas jugando con los pibes, pintábamos el circuito con tiza en medio de la calle. No había el tráfico de hoy en día por supuesto, pero los autos que pasaban frenaban y nos saludaban al pasar, jamás un bocinazo o un insulto.

Realmente cabe destacar la calidad y la creatividad de la industria juguetera en aquellos años, los autitos eran copia fiel de los modelos reales. Hoy en día todo se produce en cantidad industrial dejando d elado proporciones y ahorrando costos con la baja calidad de los materiales empleados.

Gustavo