A jugar como los chicos ...
Por Marcelo Vivo

Quienes pasamos largamente los 40 y los 50 recordamos con nostalgia aquellas tardes en el barrio, o en la escuela, o donde hubiese un espacio libre para tirarnos al piso y lanzar nuestro autito con cucharita lo más lejos y derecho posible.

Claro, ya no sería tiempo de hacerlo, el trabajo, las ocupaciones, las obligaciones, o que ya no hay escuela a la que concurrir o barrio, y tampoco demasiados espacios libres en la ciudad nos fueron dejando sin juego.

También la electrónica, lo virtual, lo individual, los juegos en red que suman a miles que no se conocen, le fueron quitando espacio a las carreritas de autitos de verdad. No me opongo a la tecnología, la uso como la mayoría, y nos ha hecho mejor la vida en muchísimos aspectos, quién puede dudarlo, es que hablo de otra cosa.

 

Pero, desde hace algunos años, varios no tan pibes nos hemos juntado en el Parque Rivadavia en Caballito, a veces en el Chacabuco, y hasta en el Autódromo de Buenos Aires, nuestra máxima “catedral”, para reflotar este juego artesanal y lo estamos logrando.

Casi milagrosamente aparecieron aquellos modelos de plástico soplado como técnicamente se les llama, imperfectos, desproporcionados a veces, y hasta feos les diría, para hacernos volar la imaginación y transportarnos en el tiempo varias décadas atrás.

Entonces empieza la construcción del modelo elegido. El corte en la panza del auto, rellenarlo con lo que sea que le dé más peso, sea plomo, hierro, metales, y asegurar que nada se mueva con masilla o plastilina. Después el infaltable tajito en la parte delantera y a clavarle una cuchara, la que le robábamos a la vieja entonces y que ahora le sustraemos a la mujer de uno o la compramos y así nos evitamos una discusión sin sentido.

El paso siguiente es pintarlo y decorarlo para que luzca como debe. Puede ser un TC y entonces buscamos emular al de nuestro ídolo sin importar la marca, también un F1 o un auto Sport son bienvenidos, para creer por un momento que estamos en Monza o en Le Mans, la imaginación no tiene límites ciertos. Así es la cosa.

Hay un reglamento, hay un calendario y se respeta, pero hay algo mejor todavía, no estamos solos. Los que pasamos largamente los 40 o los 50 como dije más arriba, tenemos nuevas compañías, y allí están los pibes de ahora, los de la “play”, los de la “compu”, verdaderos genios del “enter” que son imbatibles en un juego virtual, me consta.

Ellos han descubierto este nuevo-viejo mundo y se han prendido como hacíamos nosotros cuando teníamos su edad, empuñando esos autitos con la misma destreza y ganas de siempre. Ese es nuestro mejor resultado.

http://www.manocontrolformula.blogspot.com/

 
Nota : Marcelo Vivo periodista de automovilismo de Máxima Velocidad (Fox Sports).Argentina